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Los dominios de la depresión. Bruno Estañol, 1 JUNIO, 1992

Nadie más indicado que un neurólogo que es al tiempo un atractivo narrador, Bruno Estañol, para dar cuenta de ese padecimiento particularmente inclinado a atacar a escritores: la depresión. Esa visible oscuridad (habríamos preferido La oscuridad visible) no sólo es una memoria del mal que aquejó a Styron sino un ejercicio radical de introspección.

William Styron
Esa visible oscuridad
Grijalbo
México, 1992
214 pp.

A todos nos puede azotar la desgracia. Styron ha escrito un testimonio de su descenso a uno de los infiernos que nos acechan en este mundo: la depresión. Un horror que nos vigila desde adentro. Styron ha escrito una crónica de un hecho horrible de su vida. William Burroughs escribió su vivencia como adicto a las drogas. William Styron se ha atrevido a hablar de lo que nadie quiere hablar y de lo que se quisiera olvidar un hombre, un mal día, despierta y sabe que algo anda mal dentro de él. Está cansado, ha perdido el gusto por esas pequeñas cosas que hacen la vida menos ardua. No tiene interés por nada. Los alimentos le son indiferentes o incluso repugnantes. Empieza a perder peso. Siente que no puede trabajar o, para hacerlo, tiene que hacer un inmenso esfuerzo. Siente que su memoria le falla y que su concentración es mala. No duerme bien y despierta en la madrugada. Siente que nada en la vida vale la pena y, poco a poco, se infiltra en su conciencia el deseo de acabar con ella. Obviamente está triste pero es mucho más que eso. Es una fractura terrible en el eje principal de su vida. Al principio no sabe lo que le pasa. No sabe si tiene una enfermedad física; si algún órgano falla; tiene molestias físicas que no comprende; visita médicos que lo declaran sano. Al fin se da cuenta que es víctima de una enfermedad nerviosa. Visita un especialista, quien temeroso de que Styron atente contra su vida, lo interna en una institución psiquiátrica. Allí recibe medicamentos y psicoterapia. Poco a poco mejora. Reflexiona intensamente sobre la o las causas que le han producido la depresión. No hay un evento claro o visible que le haya causado la enfermedad. No ha tenido pérdidas importantes. Relata que poco antes de sufrir el episodio depresivo había bebido bastante más que un bebedor social. Cuenta también que empezó a dormir mal y que, en esos días, tomó un medicamento para dormir. Durante el periodo depresivo el escritor es incapaz de escribir un solo párrafo; de hecho no puede realizar ningún trabajo intelectual. Cuando ya ha mejorado su estado depresivo redacta este libro sincero y doloroso. Esa visible oscuridad es antes que nada una confesión.

Como todas las confesiones tiene varios elementos que se confunden: el coraje de hablar de una condición personal degradada, un cierto elemento de expiación o tal vez de reparación, y tal vez, una cierta impudicia o exhibicionismo. El mercado de libros norteamericanos está lleno de textos para mejorar la personalidad y autotratarse de trastornos emocionales. El libro de Styron tiene, de acuerdo con sus propias palabras, un valor didáctico. Quiere enseñarles a otros cómo se siente estar deprimido, y cómo se puede sobrevivir a este mal. Lo hace con absoluta sinceridad y sin tratar de quedar como héroe o mistificar su sórdida aventura. No dice que venció a la depresión practicando el budismo zen o dedicándose al jogging. Relata que tuvo que ser internado en un sanatorio psiquiátrico y tuvo que tomar medicamentos antidepresivos. La narración de Styron tiene el gran valor de un testimonio honesto, de una experiencia que daría vergüenza a la gran mayoría de los seres humanos.

Hay que destacar que, a diferencia de otros, Styron es un buen juez de Sí mismo. Varias de sus observaciones podrían calificarse de clínicas, por su justeza y precisión. La depresión, como enfermedad, no se puede vencer con un ejercicio de la voluntad. Las personas que rodean a una persona deprimida reaccionan con enojo hacia ella; consideran que la persona no hace un esfuerzo serio y sostenido para salir del problema; piensan que es pereza o que no hace lo que suele hacer, para manipular o atraer la atención de los otros. La idea de que uno puede vencer a la depresión hizo que Styron retardase el tiempo para consultar a los médicos. Es claro, también, que Styron no sabía lo que tenía. Esto es muy común en la depresión.

Muchos individuos cuando se deprimen desarrollan síntomas físicos y acuden a ver médicos que los declaran sanos físicamente. A los enfermos que consultan médicos por síntomas físicos causados por la depresión, se les ha considerado que sufren depresión enmascarada. La enfermedad sufrida por William Styron fue grave; se puede calificar de depresión mayor. Es un trastorno serio con una alta mortalidad. Las personas afectadas tienen un grave riesgo de suicidio y también de morir en forma accidental, o de inanición o de enfermedades infecciosas intercurrentes. La enfermedad de Styron ejemplifica que este trastorno no es sólo sentirse triste sino que afecta todas las actividades vitales. La causa de la depresión mayor de William Styron permanece, a mi juicio, enigmática. En particular las teorías que él mismo expone son flagrantemente incorrectas. Aunque es verdad que algunos alcohólicos desatan un trastorno depresivo cuando dejan de beber, no es ni con mucho claro que la suspensión de la ingestión alcohólica tuvo que ver con el desarrollo de su problema. Es interesante que muchas personas beben cuando se deprimen, porque el alcohol los hace sentir mejor, por lo menos mientras permanecen intoxicados. Esto hace que se aumente el consumo de alcohol; simplemente porque el alcohol hace menos dolorosa la sensación de melancolía. Por lo tanto, es probable que la tendencia a beber en exceso de Styron, en los últimos años, haya sido una consecuencia, más que una causa de la depresión.

El argumento de Styron de que la depresión fue causada por la toma de un hipnótico es insostenible. Como en el caso del alcohol, el insomnio es resultado del trastorno depresivo y el hipnótico no hizo sino tratarle el problema del sueño y enmascararle la depresión. La gravedad de la enfermedad depresiva y la ausencia de un factor precipitante claramente sugieren que Styron sufrió de una depresión endógena. La enfermedad depresiva, en términos muy generales, se clasifica en depresiones reactivas, situacionales o exógenas y, por otro lado, en endógenas o constitucionales

La depresión reactiva o exógena es consecuencia de un problema, pérdida de un ser querido, de dinero, de salud, y el evento precipitante es, en general, bastante visible. En la depresión endógena no hay un evento precipitante que sea evidente. La depresión endógena tiende a ser una enfermedad recurrente. Puede asociarse a episodios de manía o periodos de euforia, y en ese caso recibe el nombre de enfermedad bipolar. Tiende a aparecer en individuos relativamente jóvenes. Styron, hasta donde él dice, nunca se habla deprimido. Sin embargo, la violencia de la enfermedad depresiva y la ausencia de un evento precipitante, argumentan a favor de que la enfermedad de Styron fue una depresión endógena.

De acuerdo con el psiquiatra francés Henry Ey, la depresión puede ser un síntoma, un síndrome o una enfermedad. Para entender mejor el problema de William Styron debe considerarse una enfermedad. No en el sentido de un tejido afectado o dañado, sí en el hecho de que todos los deprimidos tienen síntomas y signos similares que permiten que se haga el diagnóstico. Vallejo Nájera, en su libro Ante la Depresión, afirma que esta enfermedad ha acompañado al hombre a través de su historia. El Libro de Job narra la historia de una depresión mayor producida por pérdidas terribles. Las furias que persiguen a Edipo no son sino sus sentimientos de culpa.

Melancolía, en griego, quiere decir bilis negra y es uno de los cuatro humores de la doctrina hipocrática. El color oscuro siempre se ha asociado con la tristeza: to have the blues significa, en el inglés norteamericano, estar triste. La depresión era una enfermedad letal en la Edad Media. Era conocida como accidia y atacaba con frecuencia a los monjes jóvenes, quienes dejaban de comer, de dormir, enflaquecían y morían.

En 1621 el solterón inglés Robert Burton publica su libro Anatomy of Melancholy. Burton llevaba una vida “silenciosa, sedentaria y solitaria”, muy apropiada para el objeto de su estudio. En su obra analiza los síntomas y las causas de la melancolía. Estudia con detenimiento la melancolía amorosa y la religiosa. Sigmund Freud en su trabajo clásico, Duelo y Melancolía, señaló la relación entre el duelo y la depresión. El duelo, como fenómeno normal, no puede diferenciarse de la depresión, excepto en la duración de los síntomas. En la depresión el objeto amoroso perdido permanece adherido a la libido del sujeto y éste, al tratar de castigarlo, se castiga a sí mismo. Esta es la teoría clásica psicoanalítica de la depresión, que ha sido modificada por otros autores y probablemente sea cierta para ciertos depresivos exógenos y neuróticos.

La teoría actual más aceptada de la depresión es la que habla de un trastorno bioquímico del cerebro. La cantidad y distribución de la dopamina, la noradrenalina y la serotonina son anormales en los individuos afectados por la depresión.

Como documento humano y literario y como ejercicio de humildad, Esa visible oscuridad, de William Styron, invita a la lectura.